viernes, 24 de julio de 2020

Cambiar de paisaje




Mi lista de cosas que extraño está encabezada por "Cambiar de paisaje". Aunque sea un ratito, viajar, mirar por la ventanilla, sentir el viento fresco en la cara, caminar sin tiempo, perderme antes de volver. Cada día me escapo un momento en mis pensamientos para darme aire, darme fuerza. Pienso o, más bien, me asaltan los pensamientos, en cómo será el después de todo esto. Mi imagen de fin de cuarentena es así: todxs corriendo al parque, a un gran parque, a abrazarnos con todxs, con la familia, lxs amigxs, lxs vecinxs y lxs desconocidxs también. Y que el abrazo dure un rato, el contacto cercano. Y que después todxs bailemos al son de una música que suena en el parque y que pase el tiempo entre danzas y el sol nos ponga color en la cara y que, entre sonrisas, se haga de noche y bebamos y bailemos. Hasta que llegue el nuevo día y, cansados, nos recostemos en el pastito, uno sobre otro, como animales durmiendo y dándose calor. Y al despertar, la nueva vida. Lista para ser descubierta, con olor a jazmín chino volando en el aire y sonidos de pájaros y cada quien regresando de a poco a su casa a bañarse, a comer, a cambiarse la ropa y a volver al parque más tarde para estar cerca de nuevo porque así se ha decretado, porque así salió en el diario y en la web y en las app de cuidado: "acercamiento social permitido y satisfactorio."
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A mi querida Margarita





De alguna manera, cada día, entro a las redes a buscarla, como si solo fuera una cuestión de paciencia, como si tarde o temprano - de tanto ver fotos, videos, leer poemas, poner me encanta en los posts sobre ella - en algún lugar, alguien, alguna burocracia del más allá, decidiera admitir que se han equivocado, que ha sido todo un error, que mil disculpas por las molestias pero que no, que Margarita no puede no estar más en el mundo, que se la necesita, que se la quiere con locura. Tal vez de tanto multiplicarla en esta virtualidad, de tanto hacerla aparecer en la memoria, de tanto nombrarla, de tantas palabras escritas para ella, alguna burocracia del más allá se esté reuniendo ahora, en una mesa larga y ovalada a definir cómo hacer, cómo devolverla, devolvérnosla, sin levantar mucho la perdiz, porque devolver a personas del más allá no está de acuerdo a las reglas. Imagino que estarán esos que siempre están, que dicen que no puede cambiarse nada, que lo hecho hecho está. Y estarán también los otros, los que nos verán aquí, en este mundo, llorando, extrañandola, haciendo rituales personales, levantando altares públicos y privados, estarán esos, digo, que nos tendrán piedad, que pensarán, como yo pienso, que no es justo hacerle tanto daño a tanta gente. Y levantrán sus manos esqueléticas para decir que sí, para votar a favor de que Marga regrese. Tal vez, en este momento están debatiendo, y habrá algunos indecisos también. Y yo imagino, o deseo, o necesito creer que si hacemos ruido, que si seguimos multiplicándola, si la llamamos, si gritamos y lloramos fuerte, esos burócratas del más allá van a decidir que sí, que la mandan de vuelta. Porque además, ya Margarita se estará encargando de hacer estallar las cabezas de unos cuantos allá y es sabido que si algo quiere la muerte es que se descanse en paz. 
Entonces, otra vez va a sonarme el teléfono pero ahora para decirme que ya pasó el viento del desamparo, que Rosa o Muerte, que hagamos un invento, que la revolución sigue siendo un sueño eterno. Que Marga sigue siendo.

lunes, 8 de junio de 2020

Ahora





Teo duerme en mi regazo.
Mi cuerpo, quieto, atrapado en el sillón.
Sus manitos se mueven cada tanto, lentamente, rozando el aire y dibujando líneas invisibles
Lo veo dormir.
Pasa el tiempo.
Pienso en todo lo que haría si me pudiera mover.
Ahora
haría cosas.
Las cosas de antes.
O incluso dormir,
que es algo de antes.
Pero ahora,
ahora es siempre ahora.
Estoy acá.
Con él.
Lo miro.
El tiempo pasa distinto.
Y
podría moverme en realidad pero
elijo la quietud para verlo.
Pienso
que eso
es también lo que pasa en mi vida ahora.
Ahora,
ahora mismo
elijo quedarme quieta.
Ponerme en pausa.
No hacer las cosas de antes.
Para mirarlo a él.
Dormir.
Jugar.
Reirse.
Descubrir el mundo.
Y me angustia la quietud
porque siempre pienso que es mejor el movimiento
pero ahora.
Ahora.
Quiero mirar a Teo.
No perderme nada de él.
Y también ahora,
Ahora me extraño.
Extraño la vida de antes
que todavía se pelea con esta vida
que le sacó su lugar.
Y aun así ahora.
Ahora
están las dos vidas acá,
la yo de ahora y la de antes
en este sillón,
atrapadas,
mirando a Teo que duerme,
que hace una pausa en su vida
porque su tiempo es infinito 
y una pausa no es gran cosa.


lunes, 16 de diciembre de 2019

De noche




De noche.
Agarro tu manito en la oscuridad.
No solo para que sepas que estoy.
También yo me siento a salvo 
si me das la mano mientras dormimos.

martes, 28 de mayo de 2019

Yelmo




Después de dos años de mudanza y la promesa diaria de llevarla a arreglar un día, finalmente ayer la amada licuadora Yelmo fue analizada minuciosamente y el veredicto indicó que no era posible su reparación. Hoy la despedimos no sin agradecerle infinitamente por todo lo que nos acompañó y lo felices que nos hizo. Desde los mediodías en la cocina de mi infancia viendo cómo entraban una a una las verduras y desaparecían en una mezcla espesa, las tardes de licuados de banana en los que me volví experta gracias a ella (y aunque me siguen saliendo bien no es lo mismo hacerlos con los dispositivos modernos) hasta las noches de fiesta en casa donde mi amigo Santi nos deleitaba a todxs los presentes con sus maravillosos daikiris. Quienes hayan estado en alguna de esas fiestas, estoy segura de que nos recordarán picando hielo a los golpes contra la mesada para cuidarla a ella y que no trabajara de más. La licuadora Yelmo es y será parte de nuestra historia y de nuestros dias felices. Los cambios de época se hacen notar, será que empieza una nueva era en esta casa. Te recordaremos siempre con amor. Nada será igual a partir de ahora. Gracias por todos los momentos felices que compartimos. Yelmo for ever! Qué difíciles son las despedidas siempre. 


domingo, 12 de mayo de 2019

s/t




Extrañarte y buscarte en los espacios de esta casa 
es parte de la rutina de estos días.
Se vio también al gato deambular entre tus cosas.
Ya falta menos, le digo.
Y él corre como loco entre los muebles,
haciendo ruido y tratando de disimular tu ausencia.



miércoles, 17 de abril de 2019

Bichos




Están entrando muchos bichos
a mi casa
y no sé por qué.
Cucarachas.
Gusanos.
Moscas.
Polillas.
Mosquitos.
Me pregunto qué será.
Qué querrán decir tantos bichos cerca.
Será que me hablan de la transformación.
De eso que me espera.
Del pasaje.
Será que me hablan de mutar.
De lo mutante.
Del cambio.
De eso que me espera
inevitable,
inexplicable,
después de que termine la época en que soy capullo,
soy nido,
soy casa para alguien que crece.
Están entrando muchos bichos 
a mi casa
y no sé por qué.
Yo me quedo adentro igual.
Ahora mismo
les temo más a los bichos 
de afuera.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Sobre "El ángel exterminador" de Luis Buñuel




La primera vez que vi El ángel exterminador de Buñuel fue hace muchos años, más de diez. En esa época yo me dedicaba solamente a la actuación y no me animaba todavía a la escritura teatral pero la miraba con cierta curiosidad. También por esa época había terminado la carrera de Filosofía. Recuerdo bien que una de las razones por las que, terminado el secundario, decidí comenzar dicha carrera fue porque sentía que tenía demasiadas preguntas y creía que estudiando qué pensaban otros podría encontrar alguna explicación tranquilizadora. Si la pregunta filosófica por excelencia era “¿Por qué?", alguien debía haber dado alguna respuesta, supuse yo ingenuamente. Por supuesto, no muy avanzada la carrera descubrí que eso era imposible, había tantas respuestas que finalmente era imposible encontrar tranquilidad de ningún modo. Paralelamente, en mi mundo teatral era otra la información con la que me desvelaba. Lejos ya del mundo inteligible, con mis amigos veíamos mucho teatro y hablábamos mucho de teatro. También de cine, de literatura. Así aparecieron en mi vida escritores, dramaturgos, cineastas y también esa sensación - a la que bauticé “sensación La Maga”, por el personaje de Cortázar -  de estar siempre medio afuera de las conversaciones y rodeada de gente que había ido más al teatro, visto más películas y leído más libros que yo. Todo ese mundo era para mí un mundo maravilloso, donde podía refugiarme en historias en las que mis preguntas existenciales no tenían respuestas concretas pero, aún así me sentía, de alguna manera acompañada. Esa sensación me llevó a querer incursionar en la escritura y la dirección teatral como manera de crear yo misma, y a partir de mis propias preguntas, esos mundos que admiraba y, en el mejor de los casos, generar refugios para quienes igual que yo, tuvieran un maremagnum en la cabeza. Sin embargo, cuando pensaba sobre qué escribir, o cómo hacerlo, otra vez aparecían los por qué bloqueando el camino. Por qué los personajes están en este lugar, por qué tal personaje hace o dice tal cosa, por qué empezar la obra en este punto de inflexión y no en otro, por qué escribir esto o aquello, por qué, por qué, por qué. En medio de todo esto, llegó a mi vida El ángel exterminador. En una charla con amigos se mencionó la película. Algunos la habían visto y otros no, y alguien dijo algo así como se trata de un grupo de personas de la alta sociedad que están en una fiesta y poco a poco se van dando cuenta de que no pueden salir de la casa y nunca se explica por qué. En mi cabeza resonaron las últimas palabras: nunca se explica por qué. 
Alquilé la película en dvd ese mismo día en el video club del barrio y organicé mi cita con Buñuel totalmente expectante, era la primera película que veía de él. Uno de los diálogos más hermosos de la peli y del mundo, creo yo, es el siguiente:

¿Lo ven ustedes? ¿Qué me dicen de esta situación?
- La verdad no sé, parece inverosímil. O quizá demasiado normal. Para mí lo malo es que nadie se hace esas preguntas.

El Ángel exterminador es una de mis películas preferidas por eso, porque no se explica nada, las cosas suceden por más inverosímiles que parezcan. Y no es necesario hacerse esas preguntas. O, mejor dicho, no son necesarias las respuestas. No se necesita entender y aún así, se entiende todo. A su vez, el concepto de inverosimilitud adquirió otro significado para mí: no nos parece inverosímil lo que no se parece a la realidad, sino lo que no se parece a lo que podemos entender. Le solemos pedir a la ficción algo que no le pedimos a la vida misma, que sea explicable y, por lo tanto, entendible.


Creo que por esa razón, la obra de Buñuel generó un gran impacto en mí: descubrí la enorme libertad creativa que me otorgaba el hecho de comprender que no es necesario dar tantas explicaciones ni saber tanto cuando uno escribe una obra. Que lo interesante no es por qué los personajes hacen tal o cual cosa o si es lógica tal o cual situación, sino qué es lo que los personajes hacen en un contexto determinado, cuáles son las reglas que uno crea y cómo hace accionar a los personajes según ellas. Hasta ese momento creía, porque me habían enseñado así, que lo verosímil se construía explicándolo todo, los móviles de la acción, el pasado, bla, bla, bla. Aquella noche, gracias a Buñuel entendí que lo "inverosímil" también puede suceder, y de hecho sucede, en el teatro y en la vida: no siempre hay explicaciones coherentes para los acontecimientos y, sin embargo, éstos son perfectamente posibles. Tal vez lo verosímil es precisamente que hay cosas que no se pueden entender. ¿Quién podría decir que la ausencia de respuestas sería para mí algo tan bellamente tranquilizador? ¿Quién podría decir que la vida es verosímil después de todo? 


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Texto escrito para la sección FAN del suplemento RADAR de Página 12.
Podés leer el artículo publicado acá: FIN DE FIESTA

martes, 2 de octubre de 2018

Interior de un bote celeste



Antes de cumplir los setenta Helena se había encaprichado con dejar en el mundo objetos que hablaran de ella. No puede ser que casi tenga setenta años y tan pocas cosas interesantes que hablen de mí cuando ya no esté, decía. Entonces aprendió a tejer. Cuando era chica pensaba que de vieja me gustaría tener el pelo todo blanco, hacerme rodete y tejer por las mañanas. Cuando cumpla setenta tengo que saber tejer y dejar mis tejidos como testigos de mi existencia. Y se compró las agujas y las lanas y por las mañanas tejía sentada en la cama, en camisón, con un gesto de concentración extrema. Pero aunque intentara, Helena no había nacido para la quietud, Helena es movimiento. Le llevó dos meses tejer sólo una bufanda del tamaño de un pañuelo. Cortita y con agujeros me quedó, decía, como la vida misma. Ese es el mensaje que dejo al mundo y se mataba de risa de su impaciencia. Y a mí me encantaba verla reír.

Fragmento. Interior de un bote celeste. 2018.

jueves, 12 de julio de 2018

Cerdos



El dueño de este campo está haciendo negocios en la ciudad. Las personas con mucho dinero son así, siempre están haciendo negocios en alguna parte. Luis, el peón principal, quedó a cargo de todo mientras está ausente el patrón. Luis es joven pero no tanto. Hace tiempo se dedica a criar a los cerdos. Los ve nacer, los cuida, los alimenta, se ocupa de que crezcan bien y finalmente se encarga de matarlos y convertirlos en carne para la venta. Hace años que vive en este campo y se dedica a lo mismo. Hoy Luis, está sentado junto a un árbol llorando. Días atrás tenía nuevamente que carnear a uno de los cerdos. Agarrarlo de las patitas aunque llore y grite, degollarlo sin piedad y esperar que se desangre solo. Pero no pudo. El cerdo elegido esta vez no lloró, no se resistió, no se movió siquiera para intentar salvarse. Luis sorprendido miró al cerdo a los ojos. Sintió que tenía la inocencia que todos los animales tienen en la mirada. Y el cerdo lo observó. Luis sintió que en esos ojos se expresaba algo así como un grito de justicia, ¿Por qué? ¿Por qué?, parecía gritar mudamente el cerdo. Luis creyó que esa pregunta no era sólo del cerdo, que la pregunta porcina se transformaba en su propia pregunta. ¿Por qué lo haría? Sintió la necesidad de abrazar al cerdo, abrazarlo fuerte, como un padre abraza a un hijo cuando lo ve llorar. El cerdo aceptó el abrazo y Luis se dio cuenta de que tendría que irse de allí.
Ahora, sentado junto a un árbol llora por todos los cerdos que mató, por toda la sangre de la que es responsable. Y piensa en que todavía puede salvarse y salvar a sus cerdos. Piensa que después de todo los vio nacer, los alimentó, los cuidó y nunca vio a ninguno de ellos morir de viejo. También de viejo quisiera morir yo, piensa, en algún lugar muy lejos de este campo.


Fragmento. Zoom. Luz Lassizuk. 2013

Acerca de los rituales en el arte



(Texto escrito a propósito del estreno de "El tiempo hecho añicos", obra de música experimental de Ezequiel Menalled, con textos y visuales de Luz Lassizuk)


Mientras miro a los técnicos y a lxs otrxs artistas preparando el montaje siento una emoción enorme. Siempre me pasa igual en los montajes y antes de cada función de todas las obras que hice. Hay un momento en que me abstraigo de la tarea, del apuro, de los nervios, de las decisiones, de las soluciones y miro la escena desde afuera y pienso: esto es hermoso, todxs preparando la magia como una sorpresa para regalarle a otrxs. La previa de una función tiene la magia y el amor de quien prepara un regalo sorpresa. Y eso vale todo. Y hoy me pregunté también: "por qué lo hacemos? Por qué nos importa esto que no le importa a casi nadie?" Y pienso que es porque crear esa magia es lo que nos hace sentir vivxs, nos hace seguir creyendo que no está todo dado, todo determinado, sino que todavía pueden existir sorpresas, todavía pueden valer la pena los rituales y los regalos y todavía podemos encontrar belleza en medio de lo horrible del mundo. 
Y que todo eso pase porque nos juntamos con otrxs tanto a crear como a compartir las creaciones es lo que termina de dar sentido a todo. 

Mañana estrenamos "El tiempo hecho añicos" y estoy feliz y me siento de fiesta. 
Que viva esta magia siempre!

Ph. Soledad Allami

Querido invierno





Querido invierno:

No hacía falta esto, yo que siempre te quiero y hablo bien de vos y mal del verano...
Tengo 30 dosis para que resolvamos esto de la mejor manera posible y sin rencores. Tengo una obra que estrenar en Septiembre y algunas otras cosas que también me gustaría hacer como salir a andar en bicicleta, ir a ver obras de teatro sin miedo a toser en la función, poder grabar audios de whatsapp de corrido. Me gustaría que podamos encontrar el modo de convivir pacíficamente. Creo que el amor que nos tenemos vale la pena el esfuerzo por llevarnos bien este año. Sé que es un año difīcil para todos, pero bue...
Te pido que lo pienses y que volvamos a conversarlo en 29 días. Que recuerdes todas las veces que viajé atravesando océanos solo para ir a buscarte y estar cerca tuyo todo el año. La mayoría de las personas desearía vivir un verano eterno. Pero yo no. Yo te quiero a vos, incondicionalmente. Me gusta todo de vos: usar pulloveres de lana, bufandas, guantes, tomar bebidas calientes (sobre todo café), dormir con pijama y muchas capas de frazadas, que salga humo por mi boca y se me ponga colorada la nariz, me gusta sentir tu frío al sol, tomar y cocinar sopas, las duchas de agua caliente. Te agradezco que seas la excusa perfecta para disfrutar de los abrazos al sol, de los abrazos en la cama, de las tertulias de mujeres cerca de la estufa, de mi gato acurrucándose en mi regazo o a los pies de mi cama.
Confío en que vas a saber comprender y revisar tu actitud. El médico dijo que vuelva en un mes para hacerme unos estudios y ver cómo estoy. Para esa época nos va a quedar todavía más de un mes juntos y me da ilusión pensar que vamos a poder compartir ese rato de felicidad plena antes de que lleguen las alergias primaverales.
Te pido disculpas si hice algo que te hizo sentir mal. Es verdad que a veces cuando la gente se queja del frío contesto que sí, que qué barbaridad. Pero no es lo que siento realmente. Vos lo sabés. A mí no me gusta quejarme de vos, lo hago solo para seguirles la corriente. 
Te re quiero, invierno. 
Hasta el cielo polar.
Hablamos en un mes.
Te mando un abrazo, de esos complicados de dar por tantas capas de abrigo.
Luz.

(Julio 2018)

jueves, 10 de noviembre de 2016

un sueño



Abro los ojos y veo el blanco despintado del techo de mi cuarto. Entran apenas unos rayitos de luz por entre las persianas. Veo un punto negro en el techo en donde debería estar la lámpara colgada. Se ve borroso desde la cama. Pero parece que el punto se mueve. Trato de levantarme para mirarlo de cerca pero descubro que no puedo. Mi camisón está pegado al cuerpo y éste a la cama. Intento con fuerza pero no logro deslizarme ni un milímetro. El punto en el techo sigue moviéndose, o al menos eso me parece a la distancia. Abro la boca para gritar pidiendo ayuda pero no sale la voz. Me esfuerzo otra vez, tomando aire profundamente, pero apenas logro emitir sonidos deformes, como si estuviera hablando bajo el agua.
Cierro los ojos para llorar. Me duele la panza, la garganta, se me revuelven las tripas y tengo ganas de vomitar. Pienso que mi mamá siempre decía que a los bebés hay que acostarlos de costado para que no se ahoguen si vomitan de noche. Yo no puedo moverme. Voy a morir ahogada en mi propio vómito, pienso. Del asco que me genera esta imagen vomito de repente. Una catarata amarronada sale de mí hacia arriba, como un geiser y se estrella contra el techo, contra el punto negro del techo.
Sigo boca arriba en la cama que ahora es agua, un agua cristalina en la que yo hago la plancha y mi camisón se mueve como una medusa en el mar. El punto negro sigue en el techo pero ahora es una gota gigante y marrón que cuelga. Miro alrededor y no hay nada, solo el mar calmo y transparente, la orilla a lo lejos y el techo arriba con la gota que cada vez se estira más hacia abajo, a punto de caer.
Me alejo de ella sin perderla de vista, nadando estilo espalda. El camisón se desprende de mí con el movimiento del agua y quedo vestida solamente con una maya deportiva color azul con rayas celestes en los costados.  La gota marrón que cuelga del techo cada vez es más grande y ya casi roza el agua.
De golpe se desprende y cae. Veo que la mancha marrón pasa buceando por debajo de mi cuerpo. Giro y hundo mi cabeza para mirar la mancha y veo un caballo, marrón con un snorkel, que se desplaza hacia el fondo.
Intento divisar hacia dónde va pero siento que alguien me tira fuerte del pelo y me hace sacar la cabeza del agua. Aprovecho para tomar aire mientras veo unos azulejos celestes y la tapa de un inodoro. La mano que sostiene mi pelo hunde mi cabeza en el agua nuevamente. El fondo sigue siendo cristalino pero el caballo ya no está.
Sin tiempo para observar nada más, de nuevo el tirón en el pelo, de nuevo los azulejos celestes, de nuevo el fondo del mar vacío, ya no puedo respirar, de nuevo el tirón de pelo, mi boca se abre intentando tomar aire, me arden los ojos.
No voy a decirlo, grito abajo del agua pero mi voz solo es un sonido amorfo.
Siento en la nuca el frío de un metal contra mi piel, escucho un sonido seco que emite su eco a través del agua. Mi cuerpo se vuelve blando, como antes mi camisón, como antes medusa y me voy hacia el fondo moviendo mis tentáculos al ritmo del agua que ahora, de a poco, se tiñe de rojo.

sábado, 2 de julio de 2016

#



Cada vez que me despierto temprano, cansada,
deseando que algo pase y poder dormir un rato más pero igual me levanto.
Cada vez que cargo las bolsas pesadas del supermercado
y me quedan las marcas rojas de la estrangulación de mis dedos.
Cada vez que no voy al teatro porque si no no llego a fin de mes.
Cada vez que me angustio porque no veo cómo será mi vida
veinte años hacia adelante.
Cada vez que no tengo tiempo para almorzar
y me atraganto con una galletita Frutigran mientras espero el colectivo.
Cada vez que voy a trabajar pensando que debería renunciar.
Cada vez que vuelo en una aerolínea barata en la que las azafatas desaparecen cuando hay turbulencias 
y no se sabe si es que ya se tiraron en paracaídas o sólo están durmiendo.
Cada vez que pasan meses sin ver a las personas que quiero.
Cada vez que pierdo el sentido del tiempo en los mares de la web.
Cada vez que no me animo a decirle a alguien lo que necesito.
Cada vez que no me animo a necesitar nada o a nadie.
Cada vez que siento que mi espalda va a partirse en dos 
y me da culpa detenerme a descansar.
Cada vez que mi gato no viene a buscarme a la puerta cuando vuelvo a casa.
Cada vez que en todo el día no tuve un rato para ver la luz del sol.
Mi vida estuvo en peligro.

(Mayo 2016)

Extrañarte es.





 Extrañarte es
volver a casa después de un largo día
con el cuerpo preparado para un abrazo
que no va a recibir.


 

I N F A N C I A


I N F A N C I A

Un campo inmenso, con mucho pasto. Alto, finito y verde. El horizonte se alcanza a ver a lo lejos porque hay mucho espacio entre una casa de madera y otra. Las nubes pasan rápido empujadas por el viento fresco. El olor a sol, el calor del sol en medio del invierno. Los pies que, descalzos, juegan a correr en el pasto, sintiendo la humedad, tocando la tierra con los dedos, ensuciándose las uñas con una línea de roña negra que se limpiará después, más tarde, en la bañadera de la casa en la que el cuerpo se sumergirá por largo rato hasta que las yemas de los dedos envejezcan ochenta años de golpe. No se sabe bien dónde termina el campo, la mirada se pierde en una distancia sin fin. Los pies y la pollera verde con volado de florcitas naranjas se mueve mientras el cuerpo baila al son del viento. El aire frío en la cara, el cielo, la forma de un conejo que se esconde en una nube, los pensamientos son de felicidad.
En un instante, el cielo se prepara para una tormenta. Las nubes cambian su color y el blanco del conejito se vuelve negro. Aunque no terminó el día el cielo ya es todo oscuridad. Casi sin tiempo para entender algo los pies se separan del suelo y el cuerpo comienza a girar en el aire. Un torbellino, un huracán, una fuerza misteriosa y desconocida que marea hasta vomitar. Todos los colores se mezclan, todos los sonidos son de viento. El tiempo se hace borroso e infinito.  La caída en el pasto, el raspón de la tierra en las rodillas y el dolor que hace la piel cuando deja ver la carne. No se sabe cuán lejos o cerca está el hogar, no se sabe si será posible algún día encontrar el camino para volver a casa.

Mayo 2016

Hernia lumbar



Ya no será,

ya no cargaré las bolsas del supermercado a casa,

no daré saltos mortales, no saldré nunca a correr,

no empujaré los muebles para reordenar el living,

no haré pogo en recitales, ni viajaré con mochila, ni daré vuelta el colchón.



No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca

ni si era de verdad lo que dijeron que era,

ni si fue levantar peso,

o fue algo postural,

ni cómo hubiera sido no tener miedo al dolor,

ni sentir la sensación de estar rota para siempre.



Mi cuerpo ya no será para mí más que una casa que duele,

una bomba de tiempo,

un árbol hachado intentando no caer.



No alzaré a mis hijos nunca.

No ayudaré en tu vejez.

No evitaré los calmantes.

No caminaré al morir.






(Inspirado en el poema "Ya no será" de Idea Vilariño)

jueves, 3 de marzo de 2016

Manifiesto sobre el Arte




MANIFIESTO
por Luz Lassizuk


Nota: No se espere en este manifiesto encontrar una expresión lógica, ordenada y coherente que permita comprender claramente el sentido de los preceptos que deber regir al quehacer artístico. La vida no es lógica, ordenada ni coherente y mucho menos nos revela con claridad su sentido. Por tanto, ni el arte ni mucho menos un manifiesto sobre él deben seguir aquellos ideales inalcanzables.

1. El arte es, ante todo, proceso y búsqueda de lo desconocido. Es incertidumbre,  descubrimiento y sorpresa.
2. El arte no debe tratar a su receptor como idiota, ni por exceso ni por defecto.
3. El arte debe ser el soporte para desplegar la imaginación de su receptor.
4. Proceso de construcción y angustia son dos caras de lo mismo.
5. El arte consiste en generar estímulos en el receptor, con el fin de generar movimiento. Se entiende por movimiento toda aparición de preguntas, reflexiones, cuestionamientos, emociones que impliquen una transformación, aunque sea mínima, en el receptor.
6. El arte es un medio de expresión de quien lo hace. Una propuesta de diálogo, no exclusivamente lingüística, con el receptor. Así, no es efectivamente diálogo, sino una propuesta. En el mejor de los casos (y ese será el objetivo) el receptor se quedará pensando en algo. El arte es el inicio de un efecto dominó.
7. El placer que produce el arte, tanto en quienes lo hacen como en quienes lo espectan, no se puede contar, hay que vivir la experiencia. El arte es un fenómeno inefable y sagrado.
8. Para cumplir su objetivo de generar movimiento, el arte debe ser resultado de un acto de expresión sincera de una interioridad. Esto es, no generará movimiento aquella obra de arte que tenga como objetivo ya no la expresión de la interioridad de su/s creador/es sino diversas “externalidades” como: conseguir dinero, fama, legitimación de “autoridades”, premios, acumulación, entre otros.
9. El creador debe proponerse en cada obra transitar algún camino (por lo menos uno) que no haya sido transitado en sus creaciones anteriores. La repetición de una fórmula exitosa sin búsqueda de nuevos desafíos es la muerte del arte, tanto personal como históricamente. No hay una sola forma de hacer arte, las posibilidades de creación no pueden reglarse sino que deben expandirse.
10. La creación/expectación de una obra de arte es un ritual. El arte celebra el rito de una confianza conjunta en que otra realidad es posible. Se celebra la posibilidad de crear. Por eso el arte es necesario para la sociedad.
11. La creación es movimiento, generar algo donde antes no había nada.
12. Todo arte es político. No se necesita para serlo hablar explícitamente de política. El arte es en sí político porque expresa una visión del mundo. Las obras que lejos de generar movimiento contribuyen a mantener el statu quo también son políticas. Tanto la búsqueda de movimiento como de reposo son posiciones políticas.
13. La búsqueda de movimiento y de lo desconocido implica riesgo. Todas las obras de arte se dividen entre las que buscan el riesgo y las que no lo buscan (dentro de éstas se incluyen las que directamente lo evitan).
14. El arte proviene de la angustia de la existencia.
15. El arte no debe explicarse a sí mismo. El arte debe generar preguntas, no ofrecer sin más las respuestas.
16. El arte es prueba y error.
17. El arte requiere nutrición. Quienes crean deben nutrirse de disciplinas artísticas y no artísticas, y fundamentalmente de la observación del mundo.
18. El objetivo del arte no es cambiar al mundo sino mostrar que el cambio es posible. Cambiar al mundo es responsabilidad de las personas, no del arte.
19. Una obra de arte no debe poder ser contada con palabras. Si esto sucediera significa que la obra, como tal, es prescindible.
20. El arte es la sospecha (o la certeza) de que todo lo expuesto en este manifiesto es imposible de lograr en una obra. Por eso mismo el arte es intento constante.